Réflex

Los cambios que no se ven también cuentan

«Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados».Hebreos 12:11
Una mujer ordena estanterías en una casa luminosa; en primer plano, una cesta de mimbre con una manta y plantas
Poco a poco

Cuando llegamos a una casa que lleva mucho tiempo desordenada, a veces no sabemos ni por dónde comenzar. Hay tantas cosas acumuladas, tantos espacios que limpiar y tanto por organizar, que sentimos que el trabajo nos va a superar. Sin embargo, cuando comenzamos a recoger, a limpiar y a poner cada cosa en su lugar, poco a poco el ambiente empieza a cambiar. Lo que parecía imposible se vuelve manejable, y finalmente podemos disfrutar de un lugar que antes estaba lleno de desorden.

Un trabajo que lleva tiempo

Algo parecido sucede con nuestra vida. Con los años vamos acumulando experiencias, costumbres, heridas, pensamientos y maneras de reaccionar que terminan formando parte de nuestra personalidad. Algunas son buenas, pero otras necesitan ser revisadas y transformadas. El problema es que muchas veces queremos cambiar de inmediato aquello que hemos venido alimentando durante años.

La dificultad de aceptar la corrección

Hay personas que reconocen que necesitan cambiar su carácter, pero se desesperan cuando vuelven a reaccionar de la misma manera. Otras saben que deben abandonar ciertas actitudes, pero cuando alguien les señala algo que necesitan corregir, se molestan, se justifican o sienten que las están atacando. No siempre resulta agradable que alguien nos confronte con aspectos de nuestra vida que preferiríamos no reconocer.

También en nuestra relación con Dios

Esto también sucede en nuestra relación con Dios. Le pedimos que transforme nuestro corazón, pero cuando comienza a tratar con nuestro orgullo, nuestra impaciencia, nuestra manera de hablar o nuestra dificultad para perdonar, no siempre recibimos con agrado ese proceso.

Queremos disfrutar de los resultados de la transformación, pero no siempre estamos dispuestos a pasar por el proceso que la produce.

Una corrección que forma

Un padre que ama a sus hijos no puede limitarse a complacerlos. También necesita enseñarles, establecer límites y corregirlos cuando sea necesario. Es posible que un niño no comprenda inmediatamente por qué sus padres le niegan algo o le llaman la atención. Con el tiempo, si esa corrección fue ejercida con amor, respeto y sabiduría, podrá reconocer que aquellos límites buscaban protegerlo y ayudarlo a madurar.

Así también, la disciplina de Dios no tiene como propósito destruirnos, sino formarnos. Él conoce lo que somos, lo que hemos vivido y aquello que todavía necesita ser transformado en nosotros.

No te rindas

Tal vez hoy estés luchando con alguna actitud que llevas años intentando cambiar. Quizás has avanzado, pero todavía descubres reacciones que pensabas haber superado. No permitas que eso te lleve a rendirte.

Pequeños avances que sí cuentan

Hay cambios que son evidentes desde el principio, mientras que otros ocurren lentamente. Una persona que antes respondía con ira puede comenzar a guardar silencio antes de hablar. Alguien que vivía resentido puede empezar a considerar la posibilidad de perdonar. Quien antes se justificaba por todo puede aprender a reconocer sus equivocaciones. Esos pequeños avances también forman parte de una transformación verdadera.

Sigue adelante

La madurez espiritual no consiste en afirmar que ya no tenemos nada que corregir, sino en conservar un corazón humilde y dispuesto a seguir aprendiendo.

No confundas la lentitud del proceso con la ausencia de resultados.

Dios puede estar obrando profundamente en áreas de tu vida donde todavía no alcanzas a reconocer cuánto has cambiado.

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Retrato de F. León M

F. León M

Pastor · Coach · Autor